¿Qué es una especie? (II): Definiciones de especie

¿Qué es una especie? (II): Definiciones de especie

El nombre “especie” procede del latín species y significa “forma, apariencia o vista”, lo que se refiere al aspecto de ideas, cosas o seres vivos con caracteres comunes. Este concepto es muy antiguo y ya se empleaba mucho antes de darle un fundamento riguroso a este término. Fue el naturalista inglés John Ray, en 1686, el primero en definir biológicamente una especie, basándose en una observación muy simple: los descendientes se asemejan a sus padres. Sin embargo, el debate continúa puesto que definir “qué es una especie” no es una tarea fácil. Existen hasta 26 definiciones de especie distintas, algunas de las más importantes se muestran en la Tabla 1.


Concepto Propiedad/es Referencias
Biológico Aislamiento reproductivo Wright (1940); Mayr (1942); Dobzhansky (1950)
Ecológico Nicho o zona adaptativa común Van Valen (1976); Andersson (1990)
Evolutivo Tendencia e historia evolutivas propias Simpson (1951); Wiley (1978); Mayden (1997)
Morfológico o fenotípico Caracteres observables y medibles

Tabla 1: Diferentes conceptos a la hora de definir especies. Adaptado de de Queiroz 2007.


A menudo tiende a pensarse en una concepción esencialista. Es fácil considerar las descripciones de especies, género, familias, etc. como algo estático e inmutable. La mayoría de las definiciones propuestas han buscado establecer esa “propiedad esencial” que poseen todas las especies. Sin embargo, muchas de las definiciones de especie que se han dado son incompatibles entre sí, al menos parcialmente, debido a las distintas propiedades biológicas sobre las que se basan.

Entre las propiedades más ampliamente utilizadas para trazar los límites entre diferentes especies se encuentran las barreras geográficas, las ecológicas y, en especial, las reproductivas. Si consideramos el aislamiento reproductivo como principal característica de una especie estaríamos utilizando el concepto biológico de especie (Mayr 1942). Según esta definición, una especie sería un “grupo de poblaciones que se entrecruzan o presentan el potencial para ello, que están separadas reproductivamente de otros grupos”. Por lo tanto, el límite entre las especies está en la capacidad que presentan las distintas poblaciones para poder cruzarse entre sí y dar lugar a descendencia fértil. Esta definición es la más empleada actualmente para la mayoría de los propósitos y la que aparece en la mayoría de los libros de texto. Este concepto, sin embargo, nos plantea un problema cuando tratamos con organismos que no se reproducen sexualmente. ¿Significa eso que no son especies? Además en el mundo vegetal muchas especies diferentes pueden hibridar entre sí y dar lugar a descendencia fértil. De hecho, el Código Internacional de Nomenclatura Botánica proporciona las reglas para darles un nombre científico a estos híbridos.

Citrus x limon
Limón (Citrus x limon, híbrido de C. medica y C. aurantium o de C. medica y C. x aurantifolia, dependiendo de los autores)
Lima
Lima o limero (Citrus × aurantifolia, híbrido de Citrus micrantha x Citrus medica)





Así pues, el concepto biológico de especie no nos sirve para diferenciar especies con reproducción asexual, ni nos resulta útil en el caso de los numerosos híbridos botánicos.

 







Chihuahua y gran danés
Chihuahua y gran danés

Probemos entonces con el concepto morfológico: dos organismos pertenecen a especies distintas porque sus características son diferentes. Para ello usaremos un ejemplo con dos razas de perro: un chihuahua y un gran danés. Ambas pertenecen a la especie Canis lupus (que incluye a lobos y perros), en concreto a la subespecie familiaris.

 Si siguiésemos el concepto morfológico, podríamos considerar que presentan suficientes diferencias como para ser dos especies distintas. Según el concepto biológico, existen barreras que imposibilitarían un cruzamiento entre ellos (aunque sea por una simple cuestión de tamaño), por lo que también podríamos separarlos en especies distintas. Fijarnos únicamente en caracteres morfológicos puede llevarnos a pensar que existen muchas más especies de las que hay en realidad. En el caso opuesto nos encontramos con organismos que son muy similares morfológicamente, y lo que se pensaba que era una única especie han resultado ser dos o más especies distintas. Son las denominadas especies crípticas. Este fenómeno es especialmente frecuente en organismos que presentan pocos caracteres morfológicos útiles, como es el caso de los hongos.

Parmelina cryptotiliacea (Autor: Carlos G. Boluda)

Parmelina tiliacea (Autor: Carlos G. Boluda)


A la izquierda, dos especies crípticas de líquenes, imposibles de distinguir únicamente mediante caracteres morfológicos.




El concepto evolutivo de especie, formulado por George Gaylord Simpson en 1951, establece que una especie es “un linaje (una secuencia ancestros-descendientes) de poblaciones u organismos que mantienen su identidad con respecto a otros linajes y que tienen sus propias tendencias históricas y evolutivas”. Este concepto es mucho mejor que los anteriores, ya que no contempla una propiedad esencial que deba ser medida, como es el caso de los caracteres morfológicos o el aislamiento reproductivo. El criterio para considerar una especie pasa a ser el aislamiento genético actual de las distintas poblaciones. Esta definición puede aplicarse sin ningún problema a organismos asexuales y además tiene en cuenta que dos poblaciones que se han separado y han dado lugar a especies diferentes a lo largo de la evolución, pueden volver a cruzarse, rompiendo el aislamiento, y dar lugar a híbridos que serán considerados otra especie más.

Sin embargo, esta definición también ha recibido críticas, en primer lugar porque no se puede aplicar a especies ya extintas y en segundo lugar porque no especifica qué pautas y procedimientos se deben seguir para poder medir e interpretar el aislamiento genético, es decir, tiene la ventaja y la desventaja de no contemplar ninguna propiedad. Muchos de estos críticos han propuesto alternativas a esta definición, empleando para ello criterios como el nicho ecológico, combinaciones únicas de caracteres, monofilia… Estos criterios conducen nuevamente al problema de la búsqueda de una propiedad esencial común a todas las especies. Así que, ¿cómo resolvemos este problema? ¿Existe realmente una propiedad común a todas las especies? En la parte III ofreceremos una solución.

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